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viernes, 17 de abril de 2020

Días contados

Días contados estos, de cómputo y de cuento. Días de cuentos y descuentos de quienes mueren, de quienes enferman o quienes renacen, de pasos en los pasillos y en las terrazas, de marcas sobre calendarios cada vez más desvaídos, de minutos que engrosan las horas como únicos testigos mudos e inexorables de nuestro confinamiento.

Días ajenos y propios que nos contamos y nos cuentan en las pantallas y en las ondas, en las mesas y en las camas, en videollamadas insólitas y acostumbradas. Días de ejercicio sedentario, de depresión y resiliencia, de grandezas y miserias, como siempre y como nunca, de verdades como puños y de mentiras homicidas.

Días de narrativas múltiples, de alarma sin armas, de antecedentes y consecuencias, de presentaciones recurrentes, de nudos en la garganta y de finales inconclusos que se debaten entre  el reproche y los aplausos.

Días lectivos sin lecciones en el desierto sin risas de las escuelas. Días en que las madres y los padres hacen de docentes y los docentes y las docentes hacemos de padres y de madres. Días de improvisación, días de espera en salas virtuales al alumnado que no aparecerá, que nunca aparecía, al que, quizás, tampoco esperamos lo suficiente cuando nos bastaban las caras y las manos.

Días planos en los que ahondar en lo que somos y lo que hacemos, lo que éramos y lo que hacíamos, en el porqué y en el para qué, en el con quién y en el para quién.

Días para aprender, en medio de la incertidumbre y la desolación, la única certeza de que no estaremos los mismos cuando pasen, la ilusión de que, por nuestro bien, no volvamos  a ser los mismos, los patéticos mantras de un antes y un después.

Días para contar a quienes vengan. Días que contarán para quienes estábamos.

(Publicado en el blog de educación de Valle de Elda)

viernes, 5 de enero de 2018

Concurso de cuentos en mi tutoría

La semana anterior a las vacaciones propuse a la clase de 1º de la ESO de la que soy tutor un pequeño concurso de relatos. El resultado ha sido bastante interesante y variado en cuanto a formas de aproximarse al mismo tema de la injusticia desde diversas perspectivas. 

Se hace muy difícil establecer un solo cuento ganador y, además, la extensión de alguno de ellos hace poco viable presentarlo en una entrada. He visto más interesante reflejar como ejemplo algunos inicios de relatos que me han gustado. Los comparto aquí, quién sabe si os pueden sugerir una continuación igual de creativa.

Esta historia, como otras muchas que habéis leído, trata de un niño de ocho años llamado Pablo. Él era muy normal, con la diferencia de que estaba enfermo. Sufría de asma, una enfermedad que, a pesar de no ser grave, necesitaba tratamiento, pues en los cambios bruscos de temperatura podía sufrir un ataque por falta de oxígeno. [...] 
Un buen día, sus padres, hartos ya de la situación y después de sufrir un nuevo ataque bastante considerable, decidieron dejar la ciudad...
(Carla)

No era justo.
No era justo tener que trabajar en una mina con solo cinco años.
No era justo que, después de raptarnos, no nos dejaran ir al colegio. No nos enseñaban a leer ni a escribir y con el tiempo se nos olvidaba.
No era justo que si enfermábamos, tuviéramos que seguir trabajando.
Pero lo más injusto de todo era que, sin motivo aparente, hubieran asesinado a mis padres.
(Mónica)

Bob es un carpintero que vive en Villena. Está casado y tiene dos hijas, una de 12 años y la otra que acaba de cumplir los 8. Bob es un hombre muy alegre, divertido y, ante todo, muy trabajador. Pero un día, como otro cualquiera y sin saber por qué, se vio envuelto en una trama y fue a la cárcel. Este es el infierno que vivieron Bob y su familia durante unos días.
(Lucía)

Se acababa la Navidad y Jorge, el niño más rico de todo Madrid, estaba en su casa escribiendo su carta de regalos. Era tan larga que iba desde su habitación a la de sus padres. En ella estaban apuntados todas las nuevas videoconsolas de año, más, aparte, todos sus juegos correspondientes. 
Mientras esto ocurría en casa de Jorge, no muy lejos de allí, en el barrio de Carabanchel, se encontraba Miguel, un chico de familia pobre...
(Alex)

Todo comenzó un día en la Ford Warard Todown. La doctora Halsey me llevó a su camarote espacial y me dijo:
- El capitán va a matarnos a todos. El aire está a punto de acabarse.
Yo le contesté que las reservas de oxígeno daban para llegar a la tercera órbita del planeta For Raner.
(Pablo)

Esta es la historia de David, un niño de Etiopía, un país de África. Tiene siete años. Le encanta aprender y estudiar. Un día, a punto de ir a dormir, ve a sus padres hablar pero no le da importancia. Pasan unos dís . David se iba para su casa como un día cualquiera al terminar el colegio pero, nada más entrar, sabe que las cosas no van a ser como antes.
(África)
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